miércoles 4 de noviembre de 2009

Farenheit 451: hombres-libro y hombres-libres


La película comienza con las imágenes de antenas de televisores. Los créditos de presentación del filme no están escritos, son recitados por una voz over. Es un inicio ágrafo que nos introduce en una sociedad que busca la eliminación de la lectura y la escritura. Los bomberos no apagan incendios sino localizan y queman libros. En los hogares hay televisores de pared y formato 16:9 (que anticipan a los actuales plasma y LCD), teléfonos por todas partes (que predicen a los móviles), y juegos engañosamente interactivos; hay muchos medios de comunicación, es verdad, pero estos parecen aislar a las personas en lugar de unirlas. En el tren los individuos se acarician a sí mismos, melancólicos, como si añorasen el calor ajeno. Predominan las pantallas frías y las imágenes virtuales, contrarias a la sensualidad del libro que se puede tocar y oler.

Los libros están proscritos porque causan infelicidad a la gente. Les describen a los lectores mundos ilusorios y les hacen desearlos, o los confrontan con sus miserias y carencias, los vuelven diferente a los demás, y por tanto soberbios o inadaptados. En la sociedad de Farenheit 451 se pretende que la gente delate al sujeto distinto, que regule su ánimo con pastillas, que no recuerde más allá de lo sucedido la noche anterior, y que no se pregunte por la verdad, porque la verdad es una construcción mediática como se comprueba en la captura de Montag. Se ordena a las personas ser iguales, felices e integradas. Las semejanzas de ese mundo de ficción de Bradbury y Truffaut, inventado hace varias décadas, con el globalizado que ahora habitamos no son pocas; pero la esperanza se filtra: Montag, el perfecto bombero de mirada vacía se revela como un inconforme, basta un pequeño estímulo de la perceptiva y visionaria Clarisse para convertirlo en un activo rebelde, y descubrir después (con nosotros) la utopía del bosque de hombres-libro, la comunidad de hombres-libres.

Le película es de 1966 y rodada en Inglaterra, pero aun muy Nouvelle Vague. El elíptico montaje del inicio y el ralenti en el desmayo de Montag nos remiten al estilo nervioso y juvenil de las primeras películas del movimiento. La fotografía, con teleobjetivo que aisla pero a la vez suaviza a los personajes, y pone énfasis en el contraste cromático, es de Nicholas Roeg y tiene bastante del estilo del futuro director británico. Julie Christie está impecable en su doble papel, y Oskar Werner (que se peleó a muerte con Truffaut durante el rodaje) es inolvidable como ese hombre que despierta.

jueves 29 de octubre de 2009

Historias cortas animadas

Dos historias de lo más anmadas que espero disfruteis tanto como yo lo he hecho.

The lighthouse keeper



THE LIGHTHOUSE KEEPER from THE LIGHTHOUSE KEEPER team on Vimeo.

Skhizein Animation



Skhizein (Jérémy Clapin,2008) from Stephen Dedalus on Vimeo.

lunes 26 de octubre de 2009

No tenim perdó de Deu

Como bien dice el titular de este post no tenemos perdón de Dios, ya que este jueves nos es imposible realizar el videoforum , por falta de recursos humanos que puedan dedicarse altruistamente a esta encomiable labor de difusion cultural.

Eso si, hos emplazamos a venir la semana que viene al pase de Farenheit 451



Igualmente invitamos a todos los presentes al pase de los cortos Chimichurri y Allo que ens va unir (producto final de los talleres de Kurtcirkuit) en el Punt d'informacio juvenil de Barcelona en la calle Calabria 147 donde este jueves a las 19h.

Somos parásitos



Un video sobre los beneficios no obtenidos y la avaricia que rompe el saco.
Que os quede claro: poder juzgar antes de comprar una película significa ser un parásito.

Amén

jueves 22 de octubre de 2009

12 hombres sin piedad (Mikhalkov)


La versión de Mikhalkov tiene variantes muy particulares: el joven procesado es checheno y se le acusa de haber matado a su padre adoptivo: un oficial del ejército ruso. El jurado está integrado casi enteramente por rusos. Mikhalkov se reserva el papel del presidente del jurado, quien es un ex militar ruso aficionado a la pintura. La sesión tiene lugar en una sala improvisada al interior del gimnasio de una escuela, lo que le permite al director jugar con algunos elementos de la escenografía (redes, pelotas, aparatos para ejercicios, etc.). A diferencia de las otras versiones, aquí no hay concentración de espacio, tiempo y acción: la sesión del jurado se alterna con imágenes del acusado en prisión, y del mismo acusado cuando era niño, durante la guerra entre rusos y chechenos. A diferencia también de las versiones de Lumet y Friedkin, aquí importa menos la lógica de la argumentación, y más las emociones expresadas por los miembros del jurado, quienes cuentan casi por turno su propia historia, que se vincula de un modo emocional, no racional, con el caso. Se apuesta en todo momento por una deliberada sobredramatización. Otra diferencia: el señalamiento de quienes serían los verdaderos asesinos; en este caso: unos especuladores inmobiliarios.

Hay también –como se habrá notado a partir de esta descripción- un simbolismo y una carga ideológica más explícitos que en las versiones norteamericanas. Vuela por el interior del gimnasio un simbólico pajarito que se ha metido allí, y que al final uno de los personajes otorga la posibilidad de libertad, abriendo las ventanas y dirigiéndole una frase solemne: “lo importante es que seas libre de elegir: puedes irte o quedarte”. Pareciera que así expresara Mikhalkov su opinión sobre el problema ruso-checheno; pero la cosa no es tan simple. Mikhalkov interpreta, como he dicho, al presidente del jurado (un ex militar ruso, igual que el padre adoptivo asesinado) quien sostiene que el joven checheno corre el peligro de morir a manos de la mafia de especuladores capitalistas si lo dejan en libertad, opinando por ello que estaría mejor en prisión. Como el resto de los miembros del jurado no comparten su punto de vista y dan al final la libertad al acusado, el viejo militar se ofrece como nuevo padre adoptivo al joven checheno, resolviendo de este modo aparentemente la situación de peligro en que se encuentra el muchacho fuera de la cárcel. Ahora bien, ¿el joven checheno no representaría acaso a Chechenia en peligro de caer bajo las garras de Occidente?; ¿el "bondadoso" ex militar ruso no estaría representando a Rusia, dispuesta a seguir "adoptando" a Chechenia por su propio bien?. Bajo este punto de vista "paternalista" (¿o colonialista?), ¿qué le convendría a Chechenia?, ¿"quedarse" o "irse"?

miércoles 21 de octubre de 2009

12 hombre sin piedad (Friedkin)


La película de Friedkin está hecha para televisión y cuenta también con muy buenos actores. Jack Lemmon tiene el papel principal; George C. Scott tiene un importante rol de antagonista (que en la primera versión tenía Lee J. Cobb). En el jurado se incluye a más representantes de minorías que en la versión de Lumet: hay cuatro afroamericanos (incluido el presidente del jurado). Lo más llamativo es que uno de los afroamericanos es un fundamentalista (se sugiere que puede ser musulmán), quien pronuncia un discurso racista en contra de los latinos. Ese papel de intolerante, en la primera versión, correspondía a un hombre blanco y de edad madura (un wasp), interpretado por el actor Ed Bengley. La dirección de Friedkin es menos inspirada que la de Lumet, aunque se asemeja a ella en el empleo de lentes. Friedkin usa una cámara en mano inestable en muchos pasajes para sugerir la tensión del momento, pero hace énfasis innecesario en la caracterización de ciertos personajes (el del publicista se acerca a la caricatura). El final es menos dramático: confía en la buena actuación de George C. Scott, pero no la refuerza con primeros planos de su rostro y de ciertos objetos como lo hacía Lumet con la de Lee J. Cobb.

miércoles 14 de octubre de 2009

12 hombres sin piedad (Lumet)


Conozco tres versiones de "12 hombres sin piedad" (“12 Angry Men”): la de Sidney Lumet (1957), la de William Friedkin (1997) y la de Nikita Mikhalkov (2007). Hay una primera versión, dirigida para televisión por Franklin Schaffner, que no he visto. Todas están basadas en una obra escrita para un programa de televisión por Reginald Rose. Las películas de Lumet y Friedkin tienen guión del propio Rose, quien respeta al máximo las tres unidades aristotélicas: de espacio, tiempo y acción. Doce miembros de un jurado deciden la suerte de un joven acusado de matar a su padre. Once están a favor de la condena, y uno vota por la inocencia del joven. Como pesa la pena máxima en contra del supuesto parricida, debe haber unanimidad en el jurado para condenarlo o absolverlo. El único de los miembros del jurado que está por la absolución tratará de convencer a los otros.

La de Lumet es, para mi gusto, la mejor de las tres películas. Fue el debut de Lumet como director de cine y tiene como protagonista a Henry Fonda, en el papel del solitario jurado que aboga por la inocencia del joven. La película tiene un talante liberal: hay en ella un discurso en contra de la pena de muerte, de los prejuicios respecto de las minorías (el acusado es latino), y de la irresponsabilidad con la que algunos ciudadanos afrontan sus deberes cívicos (uno de los jurados vota por la culpabilidad del acusado para terminar temprano la sesión e irse a ver un partido beisbol); a la vez, el discurso apunta a la defensa de las instituciones democráticas (la duda razonable como argumento suficiente para no condenar a un reo).

Lumet, que siempre se ha destacado por su dirección de actores (estuvo y está muy vinculado con Actors Studio) se muestra aquí también como un conocedor del lenguaje de la cámara: emplea sutiles travellings, sobre todo de acercamiento, haciendo que el espectador se sumerja en la habitación, acompañando a los miembros del jurado en sus conflictos; y cambia constantemente de lentes cortos a lentes largos para generar sensaciones de alivio o tensión. También emplea con inteligencia una variedad de planos y ángulos para destacar gestos de los personajes y dramatizar determinados momentos.